El pastor violador anda libre y las víctimas arrinconadas
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| Por: Édgar Artunduaga. |
Andrés Caicedo, el joven que se atrevió a grabar y después a denunciar al
pastor Álvaro Gámez, por violar a varias mujeres de “la Iglesia Salem”, se
oculta hoy de supuestos sicarios que lo buscan —a él, a abogados y a víctimas—
por haberse atrevido a “difamar” al falso hombre de Dios.
Caicedo considera absurda la decisión judicial de dejarlo en libertad, por
cuenta de la leguleyada de que las víctimas se entregaron al pastor
voluntariamente.
—¿Que harán, a partir de esa decisión judicial?
Reiteramos nuestra indignación y le pedimos al Procurador que intervenga, en
defensa de las víctimas, afectadas y humilladas. No es posible que en estos
tiempos se sigan pisoteando los derechos humanos y la dignidad de mujeres
sanas.
La habilidad del falso pastor y su abogado han puesto a las jóvenes afectadas
como prostitutas, que por interés económico se acostaron con Gámez, cuando no
por despecho, o por amor.
—¿Cómo y por qué grabaron al pastor en sus relaciones
íntimas?
Cuando publicamos los videos, Gámez dijo que era un vil montaje, mentiras,
falacias. Ahora terminó aceptando y dándonos la razón de que los videos son
reales y que sí se acostó con las muchachas.
—¿Eran consentidas esas relaciones?
Yo conozco a casi todas las víctimas y sé que no. Además de violarlas,
destruyó sus vidas. Su alma, su dignidad, quedan deshechas. La Biblia dice que
él tiene que ser hombre de una sola mujer y este tipo hace orgías cuando los
fieles elevan cánticos y oraciones.
Las mujeres violadas en Pasto fueron presionadas y engañadas sicológicamente.
Muchas de las víctimas empezaron desde niñas y crecieron en la iglesia. Para
ellas, como para casi todos nosotros, era nuestra Iglesia.
Al principio, nos encontramos con Dios y algunos restauramos nuestras vidas,
empezando por cosas sencillas como dejar de fumar. Eran evidencias de la
existencia del Ser Superior, con la guía del pastor.
Gámez decía entonces que Dios nos había bendecido, y a las mujeres que
escogía les prometía “mayores bendiciones, bendiciones especiales”, y comenzaba
la manipulación que termina en las violaciones.
—¿Tenía Gámez otros cómplices?
Es una red completa. Hay autores y coautores, algunos de los cuales huyeron
de Pasto, proxenetas que decían ser las “profetas”, que se encargaban de ayudar
en la entrega de las niñas que escogía el pastor.
Nosotros no entendemos cómo un hombre tan malvado, puede seguir libre y no
resultar peligroso para la justicia.
—¿Quiénes eran las que usted llama profetas?
Eran mujeres que se encargaban de convencer y lavarle el cerebro, por si
faltaba, a las víctimas de Gámez. Ellas propiciaban la oportunidad de los
encuentros. Y llegaban a decir: “el señor nos dice que tienes que darle besos,
tienes que darle besos por el lado de la barriga porque ahí hay uvas. Tu tienes
que cogerlas con la boca…”.
—¿Por qué se anima a denunciar?
Yo era una persona muy cercana a la familia de Álvaro Gámez, llevaba 12 años
en la comunidad, pero un día una compañera —a la que conozco en la iglesia hace
muchos años— me contó llorando las presiones del pastor contra ella.
Conscientes de que no nos iban a creer, con el cuento de que éramos
“rebeldes”, decidimos recopilar pruebas, grabarlo. Con ella decidimos colocar
una microcámara y también unas grabadoras para corroborar que lo que ella me
dijo, era realmente cierto.
—¿Conocía de situaciones similares, ocurridas antes?
Hace seis años, personas denunciaron casos de violación pero como no tenían
pruebas, el tipo fue muy maquiavélico en echarles el agua sucia y decía “¿dónde
están las pruebas? Tráiganlas”. Era la palabra de él contra la de las víctimas.
Siempre salió ganando.
Les digo la verdad, él llevaba la predicación a que nosotros termináramos
odiando a las víctimas, porque en ese entonces no creíamos que fuera verdad.
Creíamos solamente lo que él nos decía.
Se suscitaron acontecimientos vergonzosos para las víctimas. Una de ellas
estaba en un restaurante de Pasto y fue retirada por el dueño, miembro de la
Iglesia. Usted no es digna, nosotros no la atendemos, le dijeron.
Sucedía también que las personas que el pastor consideraba “rebeldes” no
fueran saludadas en la calle. La gente las insultaba o cambiaba de andén, cuando
las veía. El argumento era rotundo: “ellos atacan la obra de Dios. Vienen en
contra del Espíritu Santo”.
—¿Y cuál era la actitud de la esposa de Gámez?
Cuando aparecieron las acusaciones, ella vino a predicar y decía que el
esposo nunca le había sido infiel, que las denuncias eran un asunto de locos.
Llegó a decir que su esposo era inmaculado. Leyó una carta de Gámez, que decía:
-“amados, sigan la batalla. Este vil montaje que me hicieron, etc. etc.”.
Han tratado de salvar el negocio, como se dice en Pasto, porque en las
finanzas les ha ido muy bien.
—¿Cuántas podrían ser las víctimas?
Aproximadamente 27 muchachas en Nariño y unas 50 en el país. Podrían ser
más.
—¿Quiénes acompañan a Gámez?
Lo protegen algunos maleantes. Uno de ellos, pastor y sicario, vino a decirle
a uno de nuestros abogados: -“si tú te metes con mi apóstol, te voy a matar”.
Imagínese un pastor con una boca del mismo diablo. Creo que ese sujeto es uno de
sus sobrinos. Todos se cobijan con la misma sábana.

